jueves, 26 de diciembre de 2013

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ATTE.
GUILLERMO SCHEFER.VICEPRESIDENTE DE LA FEDERACION LATINOAMERICANA.
MARCOS PAZ, BUENOS AIRES, ARGENTINA.
willyschefer@hotmail.com

viernes, 15 de noviembre de 2013

NOTA SOBRE CELIBATO. PERIODICO ARGENTINO.


Viernes

EL LÍO DEL CELIBATO

Por: Jorge Otermin
DIARIO AMBITO FINANCIERO. BUENOIS AIRES. ARGENTINA.
No bien fue designado secretario del Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin, quien estaba a cargo de la nunciatura en Venezuela, declaró en una entrevista que el celibato en la Iglesia Católica no es un dogma y se puede discutir, pensando en algunas modificaciones. En sintonía con el discurso del papa Francisco, Parolinhizo lío con sus declaraciones antes de convertirse en el sucesor del polémico Tarcisio Bertone, quien dejó su cargo luego de siete años de servicio (toda la era Ratzinger) como primer ministro de la Santa Sede.

El celibato es un estado que la Iglesia impone a sus sacerdotes y obispos desde hace siglos, más precisamente luego del concilio de Trento (1545-1563), y cuyo único documento que lo refrenda es el canon 277 del Código de Derecho Canónico, que establece que los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los Cielos y, por tanto, quedan sujetos al celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres.

Si bien ha sido tradicionalmente aceptado como un don divino, existe una estadística que muestra que esa sumisión a veces no es tan incondicional. Según las últimas estimaciones de Fides, la agencia de información de Obras Misionales Pontificias, hay 412.236 sacerdotes ordenados en todo el mundo. De ellos, de acuerdo con la Confederación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, 159.000 están en pareja, una cifra sorprendente. Más allá de la rigurosidad del corte estadístico, la mayoría de los sacerdotes en pareja, claro está, no ejerce el ministerio.

Es una cuestión de una relevancia enorme para la marcha de la Iglesia, que durante los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fue un tabú. El papa polaco llegó a decir al respecto: 'Yo sé que tendrá que llegar, pero espero que no sea durante mi pontificado', recordó a Viernes, desde Cádiz, España, Juan Cejudo Caldelas, exsacerdote y miembro del MOCEOP (Movimiento Pro Celibato Opcional).

Este Papa está teniendo unos gestos muy valientes para ir debatiendo en la Iglesia ciertas cuestiones que parecían cerradas a cal y canto para siempre. Ahora habla ¡nada menos que el secretario de Estado!, de la opcionalidad del celibato y de la necesidad de mayor democracia en la Iglesia. Esperemos que las palabras se conviertan en hechos, se entusiasmó Cejudo, en contraste con la alarma que encienden algunos gestos de Francisco en el sector más tradicionalista de la Iglesia.

El prestigioso teólogo Hans Küng fue suspendido en el dictado de clases en la universidad alemana de Turingia en 1979 por su postura crítica ante el Vaticano. Histórico rival intelectual y político de Joseph Ratzinger, brindó una de sus últimas disonancias al expresar que quiere recurrir a la eutanasia debido a su progresivo mal de Parkinson.

Küng apunta de lleno contra el celibato: Los sacerdotes apartados de su ministerio por razón de su matrimonio suman decenas de miles. Muchos jóvenes aptos renuncian al sacerdocio a causa de la ley de celibato. Un celibato libremente elegido por los sacerdotes seguirá teniendo su lugar en la Iglesia Católica, pero una soltería prescripta por el Derecho Canónico contradice la libertad que otorga el Nuevo Testamento, la tradición eclesiástica ecuménica del primer milenio y los derechos humanos modernos. La derogación del celibato obligatorio sería eficaz contra la catastrófica carencia de sacerdotes perceptible en todas partes. Si se mantiene el celibato obligatorio, tampoco puede pensarse en la deseable ordenación de las mujeres.

Küng fue en su juventud perito del Concilio Vaticano II, junto a Ratzinger, quien, curiosamente, había firmado en 1970 un documento enviado a la Conferencia Episcopal Alemana en el que cuestionaba seriamente el celibato: Nuestras reflexiones apuntan a la necesidad de una urgente revisión y un tratamiento diferenciado para la Iglesia alemana y universal. Ese documento también contó con la firma de Walter Kasper, actual cardenal alemán y miembro de la curia romana.



ORÍGENES

En los comienzos del cristianismo, el sacerdocio estaba ejercido por hombres casados. El apóstol Pedro (junto a quien Jesucristo funda su Iglesia) solicita la cura de la enfermedad de su suegra, tal como lo relata el evangelio de Marcos I, 29-39. La eucaristía, eje litúrgico de la fe cristiana, estaba ejercida por varones y mujeres, solteros o casados, costumbre que progresivamente comenzó a recaer sobre ministros profesionales dentro de una estructura socioadministrativa en la que sólo los iniciados estaban facultados para la consagración del sacramento.

Fue en el concilio regional de Elvira (Granada, España), en el año 305, cuando se empezó a discutir si el celibato debía ser impuesto sobre el clero, por lo que se comenzó a exigir a los sacerdotes casados que abandonaran a sus esposas. Sin embargo, el concilio de Nicea, que sí fue general para toda la Iglesia, en 325, no consideró esta propuesta.

De allí nació un largo camino que derivaría en la instalación de una práctica que casi se hizo religión. El propio San Agustín, el pensador más influyente del primer milenio cristiano, llegó a escribir que nada tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre que las caricias de una mujer.

Luego de los edictos disciplinarios salidos de los tres concilios de Letrán, el de Trento terminó de imponer la medida disciplinar no dogmática. Ya en la modernidad, el papa Pablo VI lo refrendó con el magisterio de la encíclica Sacerdotalis Coelibatus, de 1967.

Pese a lo que sugiere este bagaje, los comentarios de Parolin suenan técnicamente correctos. Fueron pronunciados a modo de ejemplo para distinguir entre un dogma y una práctica de la Iglesia que no es dogmática. Un dogma es lo que se ha declarado como infalible, por ejemplo, que para la Iglesia, Jesucristo es Dios. En ese sentido, el celibato no es un dogma declarado. El estatuto doctrinal de esta práctica es complicado y está todavía en estudio, señaló a este suplemento el padre Manuel de Elía, profesor de Teología de la Universidad Austral, reconocida casa de estudios vinculada al Opus Dei.

De Elía recordó que al hablar de la Iglesia Católica, no debe olvidarse que ya existen sacerdotes casados: en las iglesias de rito oriental y en el reciente ordinariato anglicano creado por Benedicto XVI, en el que se permite ordenar sacerdotes católicos a clérigos anglicanos casados conversos al catolicismo. Se refiere a la constitución apostólica Anglicanorum coetibus decretada en 2009 para la aceptación entre veinte y treinta obispos anglicanos que solicitaron su ingreso a la Iglesia Católica. Esa constitución permitió a los pastores anglicanos casados pasar a ser presbíteros.

Esta excepción ya se había permitido en 1994, tras la primera ordenación de mujeres en la Iglesia Anglicana, cuando varios clérigos pidieron su adhesión a la Iglesia Católica, conservando su estado clerical.

Pero Parolin no fue el primero en abrir el juego en las altas esferas de la Iglesia Católica. En 2006, el cardenal brasileño Claudio Hummes, amigo personal de Jorge Bergoglio, dijo en una entrevista que el tema del celibato podía discutirse en el ámbito del derecho canónico, quitándole el aura de dogma de fe. De esas declaraciones se desprendieron toda clase de especulaciones acerca de un posible cambio. Hummes, como recién designado titular de la Oficina del Vaticano para el Sacerdocio, tuvo que salir al cruce con una extensa declaración que reafirmaba el celibato.

El mismo Bergoglio, antes de ser ungido papa, fue citado en el libro Sobre el Cielo y la Tierra, una semblanza del diálogo interreligioso mantenido con el rabino Abraham Skorka: Por el momento estoy a favor de que se mantenga el celibato, con los pros y los contras que tiene, porque son diez siglos de buenas experiencias más que fallas, al tiempo que en otro párrafo señalaba que es una cuestión de disciplina, no de fe. Se puede cambiar.

En la Iglesia se vive con alegría el celibato. Si nos pusiéramos a analizar qué se ganaría y qué se perdería con su abandono, en el balance veríamos demasiadas pérdidas. La gente reclama santidad y entrega en sus sacerdotes, dijo a Viernes el sacerdote y blogger Eduardo María Volpacchio, doctor en Teología por la Pontificia Università della Santa Croce, con sede en Roma y también del Opus Dei. En el mundo lo viven más de 400 mil sacerdotes (y más de cien mil seminaristas que se dirigen al sacerdocio), más de 700 mil religiosas y muchos fieles laicos. Estamos hablando de una forma de vida que realizan libremente más de un millón de personas. Y les va bien: la revista Forbes en noviembre de 2011 publicó un estudio de la Universidad de Chicago sobre las profesiones más felices del mundo: el sacerdocio era la primera de la lista, recordó.

En ese sentido, el exsacerdote Daniel Bouza ha vivido también el celibato como un don, pero está a favor de nuevos vientos: La Iglesia no se debe cansar de autoexaminarse y de rever aquellas normas que, con el transcurrir de los siglos, dejan de tener validez y eficacia.

Las conferencias episcopales realizadas tanto en Medellín como en Puebla y el Concilio Vaticano II estimularon la figura del diaconado permanente, una alternativa a la gran demanda de sacerdotes en América Latina sumado a la profunda disminución en las vocaciones. La carta apostólica de Pablo VI, Ministeria Quaedam, le dio vigencia. Un diácono es un laico consagrado que puede estar casado y tener hijos, al que se le permite, dentro del ámbito eclesial, administrar los sacramentos del bautismo y la unción de los enfermos, como también la celebración de la palabra, una suerte de misa, pero sin la consagración de la eucaristía.

Jorge Eduardo Menchaca, diácono permanente del Obispado de Lomas de Zamora, opinó ante este suplemento sobre si la Iglesia estaría preparada para una eventual abolición del celibato: Verdaderamente no lo creo, lo que no implica que lo vea conveniente; han sido muchos siglos de celibato y las estructuras naturalmente se adaptan a las costumbres. Habría que realizar un trabajo parecido a una 'asamblea permanente' por un cierto tiempo para que se puedan escuchar todas las voces que suenan en cuanto al tema. Francisco tiene muy claro que hay otras cuestiones mucho más urgentes que el celibato, pero indudablemente es un tema que ha sido puesto en primer plano constantemente. El trabajo es enormemente grande, ya que habría que reestructurar toda la formación de los futuros sacerdotes y decidir cuestiones operativas que no son menores.



CUESTIÓN DE PESOS

Mucho se sostiene que uno de los desequilibrantes en la decisión de que el celibato se elimine o sea opcional podría ser el costo económico: no es lo mismo el sostenimiento de un sacerdote sólo que con una mujer y niños. Cejudo Caldelas opina que éste es el verdadero problema para que la Iglesia no se atreva a llevarlo a la práctica. La menor disponibilidad de los curas para ir destinados acá o allá con su familia. Creo que los nuevos curas deben vivir de su propio trabajo, como vivían los apóstoles o a expensas de las ayudas de sus propias comunidades. Un modelo que el obispo Fritz Lobinger propone en dos libros muy esclarecedores: 'Equipos de ministros ordenados' y 'El altar vacío'.

Para Bouza, la salida también es similar. De hecho cuenta sus propias experiencias vividas cuando fue asignado tanto en Filipinas como en México. El tema económico no puede ser impedimento a la hora de hablar de sacerdocio. Obvio que una persona sola no es lo mismo que el vivir junto a una familia. En México, la mayoría de los curas del clero vive con su madre, hermanos, sobrinos, etcétera, sin ningún problema. Es algo común. Cada uno en lo suyo, obvio. Pero viven en la casa del cura.

Existe la idea de que el celibato se instauró en el medioevo para preservar los patrimonios eclesiásticos. Es un tema que tiene una cierta divulgación, pero es muy poco defendible históricamente y está muy poco documentado, manifiesta De Elía. Muchas veces se suele comentar sobre el tema económico, porque de hecho en las tradiciones orientales los conflictos que surgen del mantenimiento familiar son una realidad. Surgen, efectivamente, complicaciones prácticas teniendo en cuenta las necesidades pastorales en comunidades con carencias económicas fuertes y el trabajo misionero. De todos modos, no creo que sea el factor determinante.

Agrega Menchaca, diácono de Lomas de Zamora, que una opción viable podría ser que, en una reorganización de la actividad de la mayoría de los sacerdotes, no se dediquen de manera exclusiva a la parroquia en la que desarrollen su ministerio sino que tengan un trabajo fuera del apostolado, recordando la experiencia de los curas obreros. La otra es el compromiso real de las comunidades locales que verdaderamente tomen a su cargo al sacerdote junto a su familia, y sostengan sus necesidades.



HÁBITOS POR FAMILIA

En nuestros días, varios sacerdotes con alta visibilidad se han pronunciado en la Argentina a favor de la abolición del celibato obligatorio, como Luis Farinello, el crítico de Bergoglio Eduardo de la Serna, o el suspendido cordobés Guillermo Mariani, entre varios otros.

Pero, el caso más emblemático fue el del exobispo Jerónimo Podestá, quien abandonó su ministerio eclesial para formar pareja en matrimonio con Clelia Luro, fallecida días atrás. Era una época álgida, con la dictadura de Onganía y un creciente fervor social, político y sindical que también permeaba en la Iglesia. Tomó fuerza entonces el Movimiento de los Sacerdotes por el Tercer Mundo. En ese caldo, Podestá, siendo obispo de Avellaneda, trabajó palmo a palmo con Clelia como secretaria, que ya estaba separada y con seis hijas. Forzado a optar entre Clelia y su cargo sacerdotal -se fueron a vivir juntos en 1967, luego marcharían al exilio amenazados por la Triple A-, Podestá se transformó en un ícono de la campaña a favor del celibato opcional desde la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados. Tuvo el apoyo de varios dignatarios de la Iglesia, entre ellos Dom Helder Cámara, el obispo rojo de Olida y Recife en Brasil, con quien estrechó una profunda amistad.

Bergoglio también fue amigo de la familia y, siendo arzobispo de Buenos Aires, no bien enterado de la muerte de Jerónimo Podestá en 2000, no dejó de saludar y charlar con la viuda muchos domingos hasta que partió hacia Roma. Ya como papa, Francisco continuó comunicándose con la misma periodicidad, por teléfono, desde el Vaticano.

Clelia le había enviado al Papa su último libro, en formato de manuscrito (no ha sido editado), al que tituló Relatos de viajes. Caminos en la diáspora. Ocho asesores, además de Francisco, recibieron el texto de la mano de Ramona Romero, integrante del Movimiento Helder Cámara.

Allí se da cuenta del trabajo de la pareja que dio origen a los Encuentros Nacionales de Padres Casados, el primero de los cuales fue celebrado en 1984 en un colegio católico de Brasil, bajo la tutela directa de Cámara. Se congregaron entonces 130 parejas con más de 150 hijos.

El trabajo enviado por Luro indica que, en los últimos cinco años se produjeron unas 2.700 interrupciones en el ministerio sacerdotal. El documento señala también que esa realidad había sido tratada en la V Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en 2007 en Aparecida, Brasil, un encuentro que resultó clave para que Bergoglio, como encargado de la redacción de las conclusiones, ganara un prestigio clave entre sus colegas.

El documento póstumo de Luro finaliza con un análisis sobre las interrupciones del ejercicio pastoral realizado en septiembre último por Guillermo Shefer, vicepresidente de la Federación Latinoamericana para la Renovación de los MInisterios e íntimo amigo de los Podestá. Schefer, también sacerdote casado, sostuvo ante Viernes que las declaraciones de Parolin no son más que lo que el Movimiento Internacional de Sacerdotes Casados venía bregando.

Junto con la organización latinoamericana, existen la International Federation of Married Catholic Priests, la Philippine Federation of Catholic Married Priests, la North Atlantic Federation for a Renewed Catholic Priesthood y la European Federation of Married Catholic Priests, todas federaciones que nuclean a movimientos de curas casados de 26 países.

La Iglesia todavía no está preparada para este cambio, sostiene Schefer. Hay que trabajar fuertemente, porque la estructura de la institución carece de identidad para formar un sacerdote no célibe, para poner en lugares de decisión a varones probos, padres de familia, trabajadores comunes, que estén consagrados y ejerzan oficios pastorales, agrega.

Desde la perspectiva económica, un sacerdote casado no debe implicar mayores costos que un sacerdote célibe, afirma. Podría sustentarse de un trabajo común, vivir en su casa y mantener su propia obra social. En mi caso personal, podría seguir con mis actividades laborales y familiares además de disponer de un tiempo para la pastoral, enriquecida con mi formación psicosocial; no le provoco gastos a la Iglesia y no me tienen que proveer vivienda. En el caso de vivir en alguna propiedad de la Iglesia podría ser en calidad de préstamo.



HECHOS

El Vaticano II reclamó estar atentos a los signos de los tiempos, un eslogan que pareciera querer atender Francisco en sus apenas siete meses de pontificado: su presentación como Obispo de Roma, la decisión de otorgarle colegialidad a la dirección de la Iglesia, su forma despojada de toda pompa y boato, el nombramiento de ocho cardenales para colaborar en la adaptación de las estructuras eclesiales, la voluntad de reformar el IOR (Instituto de Obras para la Religión, el banco vaticano que escandaliza a todos cada cierto tiempo), sus últimos dichos en defensa del rol de la mujer dentro de la Iglesia solicitando una nueva y más profunda teología para la mujer, sus palabras no hostiles a los homosexuales y su voluntad de regresar a los divorciados al seno de la Iglesia.

Y si bien el tema celibato no salió abiertamente de la boca del Papa, sí lo ha impuesto estratégicamente su recientemente asumido secretario de Estado. Sobre este punto, como sobre todos los que entraron en debate a partir de la asunción papal de Bergoglio, hablarán los hechos.