martes, 12 de enero de 2010

OPINIONES Y COMENTARIOS

Me voy a permitir dar algunas opiniones, muy sintéticas.

1. como ustedes creo que el celibato obligatorio para el sacerdocio carece de todo fundamento y es negativo para la vida de la Iglesia.

2. creo que puede darse, empero, para quienes así quieran ejercer el ministerio

3. ambas posibilidades deben darse tanto para hombres como para mujeres, y es deseable que las reivindicaciones así se planteen

4. hay que cuidar que el levantamiento del celibato sacerdotal no se limite a una reivindicación para los varones

5. en suma, en el seno de la Iglesia es conveniente que haya hombres y mujeres que ejerzan plenamente el ministerio sacerdotal casados o no, depende de la elección voluntaria de cada uno/a.

6. y me parece que en lo inmediato y teniendo como horizonte final el punto anterior (5.) sería muy oportuno y favorable ordenar para el ministerio a hombres y mujeres casados como valor en si y como transición para que se casen los curas.

7. obviamente personas de probada idoneidad, moralidad y práctica de la fe.

8. una ventaja más es obvia: se trataría de personas adultas, quizá no menores de 50 años, con una trayectoria de vida sumamente enriquecedora para el ministerio, de probada madurez intelectual, afectiva, laboral, política, de paternidad y maternidad, etc.

Hay un solo Sacerdote, Mediador entre Dios y los hombres, Salvador del mundo, y es el Señor Jesucristo. Su heredero sacerdotal es el Pueblo de Dios, el Pueblo Sacerdotal de Dios, del cual y como tal se puntualizan algunos ministros llamados por Dios para la administración de los sacramentos, y demás funciones sacerdotales.

El problema subliminal del celibato sacerdotal es la sustracción de poder en manos de la mujer, y su conservación absoluta en las de de varones-sacerdotes. Es una exclusión de la conducción de la Iglesia de quienes no sean sacerdotes. Y esto vale tanto para las mujeres como para los laicos todos.

No miro el problema desde los sacerdotes casados, sino desde la vida de la Iglesia, que con sacerdotes hombres y mujeres, casados y célibes, regulares o seculares presentaría al Pueblo de Dios un Rostro de Cristo, por así decir, muchísmo más plural y enriquecido para el ejercicio pastoral

Empero no puedo dejar de decir que considero finalmente, que el celibato como la Iglesia misma, importa poco y nada y mucho menos lo que haga, diga, muestre a la población en general (y los jóvenes en particular), cuyos intereses y pasiones guardan otros y extraordinarios horizontes

Cordialmente
Carlos B. Dartiguelongue
Buenos Aires
Argentina

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