domingo, 12 de septiembre de 2010

TESTIMONIOS....

“PADRE, ES FACIL ENTRAR A LA IGLESIA, LO DIFICIL ES QUE LA IGLESIA TE ENTRE.”




En el verano de 1986 me toco acompañar como sacerdote a un grupo juvenil de V. Celina a una Misión Popular que realizamos en La Paz, pueblo del sur de traslasierra, Córdoba.
En uno de los días, cuando me dirijo al templo para la celebración, en la puerta del mismo, un hombre mayor que estaba sentado en la puerta del templo me dijo: Padre, es fácil entrar a la iglesia, lo difícil es que la Iglesia te entre”.
Fue una frase que me golpeó duro, sabía que encerraba un significado profundo, pero no lograba desentrañar el mismo. La guarde en mi corazón, la rezaba, la repetía como una letanía: “Padre, es facil entrar a la iglesia, lo difícil es que la Iglesia te entre”.


- LA IGLESIA PUEBLO DE DIOS
Es evidente que cuando decía “Es fácil entrar a la iglesia… “ se refería al Templo, pero cuando dice: “lo difícil es que la Iglesia te entre”, Qué nos quiere decir?; Qué entendemos por Iglesia?
Buscando esa repuesta encontré el siguiente comentario del Padre Meinvielle: «Karl Rahner S.J. ha sistematizado, quizás con excesiva fuerza, lo que él llama un cristianismo invisible, que sería efecto de una “consagración de la humanidad por la Encarnación del verbo”. “Al hacerse hombre el verbo de Dios, dice Ranher, la Humanidad ha quedado convertida real-ontológicamente en el pueblo de los hijos de Dios, aún antecedentemente a la santificación efectiva de cada uno por la gracia”. “Este pueblo de Dios que se extiende tanto como la Humanidad”... “antecede a la organización jurídica y social de lo que llamamos Iglesia”. “Por otra parte, esta realidad verdadera e histórica del pueblo de Dios, que antecede a la Iglesia en cuanto magnitud social y jurídica... puede adoptar una ulterior concretización en eso que llamamos Iglesia”. “Así, pues, donde y en la medida que haya pueblo de Dios, hay también ya, radicalmente
Iglesia, y, por cierto, independientemente de la voluntad del individuo”. De aquí se sigue que todo hombre, por el hecho de ser hombre, ya pertenece, radicalmente, a la Iglesia». (La Iglesia y el Mundo Moderno, ed. Theoría, Buenos Aires 1996, pp. 143- 144).
La noción de Iglesia como Pueblo de Dios, comprende radicalmente toda la humanidad, todo el mundo. De otra parte se explica así, por qué la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica, como lo expresa el nuevo Código ateniéndose a la novedad eclesiológica del Concilio.
El nuevo Código no dice que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica, pues así quedarían excluidos todos los que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia, mientras que como Pueblo de Dios, abarca la humanidad entera, o sea, al mundo y abarca a todos y cada uno de los hombres, pues pertenecen al Pueblo de Dios por estar unidos con Dios gracias a la Encarnación del Verbo.
(Esta visión de la humanidad como Pueblo de Dios, como Iglesia debería hacernos reformular toda la pastoral. La comunidad parroquial, no son solo los que participan del culto, ni siquiera son solo los bautizados que habitan el area de la parroquia; ella abarca a todos los seres humanos que habitan el territorio parroquial
Y muchas veces vemos ese Pueblo de Dios como ovejas sin Pastor, pero no sólo por la falta de vocaciones sino por la ausencia de los pastores en la vida de ese Pueblo.
Ese Pueblo de Dios desde su sufrimiento cotidiano cree, espera y ama a Dios, increíblemente sin rebelión interior, aunque putee; y todavía le quedan fuerzas para hacerse solidario con los últimos, con los más rezagados… Un Dios en la cruz, el hombre amado, y una mujer dada por madre. La fe, la esperanza, el amor, y la unción suave del Espíritu derramado. Eso es lo que el pueblo sabe muy bien, sin atinar a decirlo…”.


LA RELIGIOSIDAD POPULAR
La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se lo vacía y asfixia con otros intereses. (Documento de Puebla, 1979, nº 448, cf. En
48)
• EL PUEBLO ES SIEMPRE EL PROTAGONISTA, y de ahí la identificación que llega a darse entre las devociones del pueblo y el pueblo mismo.
• ES SIEMPRE UNA EXPERIENCIA FRATERNA, la religiosidad popular, si bien admite la existencia de los ministerios, acentúa la participación de todos
• EL SENTIDO DE LA IGUALDAD, la religiosidad popular es la riqueza del pueblo pobre, pero no excluye la participación de los otros sectores. Ante una sociedad que excluye y margina la religiosidad popular es la PASTORAL DE LA INCLUSION.
• ES UN TESTIMONIO PÚBLICO Y MISIONERO DE FE;,las procesiones Y PEREGRINACIONES ponen de manifiesto, la fe y la creencia en unos valores que van más allá de los que la sociedad está mostrando.
• ES RICA EN SIMBOLOS Y SIGNOS RELIGIOSOS, que, para la gente sencilla, tienen una mayor comprensión que los aportados por la misma liturgia.
• EXPRESA LA NECESIDAD DE SALVACIÓN , DE MISERICORDIA Y DE JUSTICIA, que se despliega a todos los niveles, y que afecta tanto a los problemas particulares como a los sociales.
• TIENE UNA DIMENSIÓN FEDERAL Y LATINOAMERICANA, ella incorpora las festividades tipicas de cada región, y ha sido enriquecida con la religiosidad venida de pueblos hermanos (Caacupe de Paraguay, Copacabana de Bolivia, Urkupiña de Perú…)
• ES SIEMPRE UNA FIESTA. Las fiestas religiosas de los pobres, lejos de resolverse en superficialidades exteriores, responden a sus profundas exigencias y constituyen una celebración rica en símbolos, en fantasía creadora y en teología narrativa... En la fiesta, el pueblo encuentra fuerza para vivir y la capacidad de volver con renovada esperanza a la lucha cotidiana. La fiesta es la expresión de una solidaridad profunda, la recuperación de la conciencia de no estar solos en la lucha y de trabajar por una convivencia humana distinta.
De frente a esta realidad el pueblo que vive la religiosidad y piedad popular debe ser escuchado;. El pueblo tiene derecho a sentirse protagonista de su modo de creer. Defiende sus símbolos, ritos, expresiones..., pero no siempre el resultado es justo. La Iglesia Institución, El Papa, los Obispos, los sacerdotes deben hacerse un serio examen de conciencia pastoral. Recordemos lo que Pablo VI decía al respecto:
"La religiosidad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites... Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse, en el mismo grado, en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente 'piedad popular', es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad" (Evangelii Nuntiandi 48).
El pueblo necesita que el Evangelio entre en su cultura, abrace sus peculiaridades, renazca en sus gestos, convoque en sus costumbres, hable en su voz. Y el Evangelio necesita, para ser de verdad Buena Noticia, tocar carne, tocar vida y hacerse presente en todas y cada una de las dimensiones del ser humano. Esto, evidentemente, tiene sus riesgos, Los mismos riesgos que asumió la Palabra que se hizo carne y vivió entre nosotros.
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El propio Che entendió que la transformación de América Latina sólo puede lograrse en la medida en que seamos un hombre y mujer nuevos, en la medida en que la espiritualidad de nosotros –no la corrompida y convertida en negocio, en escudo de la impunidad, la hipocresía y la mentira, sea la expresión democrática, colectiva y popular de nuestro pueblo".
"Los grandes revolucionarios, si no están llenos de amor, serán los próximos amos y dominantes del poder. Lo que los hace diferentes es la espiritualidad, el amor, y son las raíces y sus ancestros que posibilitan y entienden que no hay diferencia entre lo espiritual y lo material y esa es la visión de la religiosidad, que la realidad es única e indivisible y por lo tanto tiene que ser transformada".
La Iglesia como Institución es evangelizadora y evangelizada . Y será evangelizada por el Puebño de Dios si abre sus puertas, sus oídos y su corazón al Pueblo:
Como nos decía Mpns. Jerónimo Podesta “Lo que pone en crisis a la Iglesia no es el rechazo de la función episcopal, sino de la ausencia de carisma profético de los pastores. Si no nos hemos abierto al Espíritu que clama dentro de nosotros y nos defendemos con la autoridad. Porque nos extrañamos que Dios nos interpele a traves de su Pueblo.
Tomemos el legado que nos dejara Mons Angelelli y pongamos “un oído en el Evangelio y otro en el Pueblo”.
“LO DIFICIL ES QUE LA IGLESIA (PUEBLO DE DIOS) TE ENTRE”, pero cuando entra es magnifico a tal punto que junto a Cristo podemos decir: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y haberlas revelado a los pequeños…” (Mt 11,25).


Fraternalmente en Cristo Jesús.
Fernando Cabrera