martes, 15 de febrero de 2011

SI SAN VALENTIN HUBIESE NACIDO 100 AÑOS DESPUES...

Si San Valentín hubiese nacido cien años después, no lo hubieran ejecutado por querer casar a los soldados del ejército romano.
Por Adrián Vitali (Ex sacerdote)

Si San Valentín hubiese nacido cien años después, no lo hubieran ejecutado por querer casar a los soldados del ejército romano. Podría haber sido el capellán del ejército. Pero también probablemente no lo hubiésemos conocido como el patrono de los enamorados. La Iglesia presidida por el papa Gelasius (494) buscaba que esta fiesta de origen pagano en honor al dios Lupurcus, que se celebraba el 15 de febrero en Roma, se cristianizara.
La forma de cambiar el sistema era modificando el nombre del dios pagano por el de algún santo católico. San Valentín fue el apropiado, ya que en su reinado, el emperador romano Claudio había prohibido el casamiento de los soldados. Pero San Valentín, no obedeciendo el decreto, casaba en secreto a los soldados del emperador. Enterado, el emperador lo mandó a decapitar el 14 de febrero del año 269. Por eso, la Iglesia situó esta fecha como celebración del Día de los Enamorados.

Si el Papa pudo atreverse a modificar esta celebración romana no fue por un acto heroico, sino que para esa fecha la Iglesia ya se había convertido en religión oficial del Imperio Romano por un decreto del emperador Flavius Theodosius, del año 380, y el matrimonio quedó oficializado como acto público.

La historia de amor de San Valentín con Julia sucedió en la Roma del siglo III, cuando los cristianos eran perseguidos.
En este tiempo no existía el celibato como acto disciplinar eclesiástico, por lo que podemos suponer que no eran mal vistas las frecuentes visitas de Julia a la cárcel y las cartas que Valentín le enviaba. En ese tiempo grandes figuras de sacerdotes estaban casados. Félix III, por ejemplo, Papa del 483 al 492, esposo de Petronia, con la cual había tenido al menos dos hijos y que tuvo por bisnieto a Gregorio el Grande. O el Papa Ormisdas, en el siglo VI, cuyo hijo Silverio se convertiría en sucesor del trono de Pedro.
Pero más allá del dios pagano Lupurcus, o del papa Gelasius, o del emperador Claudio o de San Valentín y Julia, el amor sigue sucediendo como sucedió entre el primer hombre y la primera mujer. Sin méritos ni virtudes, sin fecha ni horarios, ni agenda.
Acontece como gesto único e irrepetible y sólo nos damos cuenta cuando estamos implicados como autor y testigo de este misterio indescifrable que es el amor.

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