sábado, 21 de mayo de 2011

LIBRO: “Curas Casados. Historias de fe y ternura”

PREPARADOS Y DISPUESTOS PARA SERVIR LA MESA DE LA COMUNIDAD

JULIO PÉREZ PINILLOS, jppinillo@yahoo.es
RIVAS VACÍAMADRID (MADRID).
ECLESALIA, 21/04/11.- El Jueves Santo es fecha indicada para conmemorar y celebrar en muchos círculos de opción cristiana el regalo de la Eucaristía, centro y culmen de la Comunidad… Me pregunto: ¿Por qué a muchas comunidades serias y buscadoras se les priva de ese Don-Regado necesario para “caminar sin desfallecer en el camino?

Varias son las argumentaciones histórico-pastorales y, sobre todo, canónicas que fuerzan a ese “desfallecimiento” a muchos cristianos buscadores de la Iglesia inspirada en el Evangelio de Jesús. Cada argumento tiene su estudio y su espacio propios. Yo quiero referirme en esta ocasión al celibato impuesto por ley medieval a los Servidores de la Mesa de la Comunidad. Resumo el fondo argumental que presento en el libro “Curas Casados. Historias de fe y ternura” (Albacete. Marzo 2011) donde reflejo mi aporte honesto –creo- madurado a lo largo de 35 años de búsqueda y de ejercicio de cura, célibe o casado, en distintos Grupos y Comunidades parroquiales y no parroquiales con este telón de fondo: Servir a la comunidad. Ello me permite resaltar:
1. Es este un momento oportuno para ratificar, junto a otras voces de mayor peso jerárquico, lo que el MOCEOP , “movimiento pro celibato opcional”, viene publicando e intentando practicar desde hace treinta y dos años:
- El Celibato Opcional de los curas, o sea la coexistencia de presbíteros, casados y célibes, es una riqueza tanto para la correcta interpretación del Nuevo Testamento que recoge claramente esta práctica ministerial, como para la vida cristiana de las comunidades eclesiales cada día más “corresponsables” al par que más carentes de curas que les acompañen desde dentro y, también, para los propios curas que, según el Evangelio y la Tradición, deben procurar vivir su espiritualidad-sicología y la vocación presbiteral conforme a los dones y carismas que el Espíritu tiene a bien comunicar.

- En este sentido es correcto concluir que “tanto” -ni más ni menos- es el cura casado como el célibe, ya se refiera esta comparación al concepto “santo-pecador” -regalo de Dios que solo se nos permite “ponderar” por el grado de amor, perdón y compromiso que practican, en este caso, los presbíteros- o se refiera al concepto “servidor de la comunidad”, ya que está demostrado que tan dispuestos y servidores de las comunidades –y tan débiles, visto desde la otra cara- son los curas célibes como los casados, dando por admitido que según el tipo de comunidad cristiana (más itinerante o más establecida, rural o urbana, mayoritariamente joven o anciana, con predominio de lo catequético y sacramental o de lo profético, “más vertical o más horizontal” etc.) le resultará más “adecuado” un presbítero célibe o casado. Por lo tanto: el mayor o menor grado de “servicialidad” del cura –casado o célibe- dependerá en parte del tipo de comunidad y de tareas mayoritarias para las que estamos “visualizando” al presbítero.
- Lo que la gente pide al cura, célibe o casado, es otra cosa más honda: que, por un lado, sepa a Evangelio y se le note la pasión por la Persona y aporte de Jesús… Por otro que esté metido en la cultura y problemática del pueblo con el que está comprometido. Y, en tercer lugar, que se entregue a la comunidad que le llama: tanto en las necesidades del barrio -los emigrantes, los derechos sociales olvidados, los marginados, etc- como al acompañamiento lúcido y esperanzador de las personas y grupos que son o acuden a la comunidad, procurando al mismo tiempo unas Celebraciones significativas de la Palabra y del Sacramento.
2. Ya existen experiencias significativas de curas casados ejerciendo el ministerio presbiteral en comunidades. No partimos de cero. Solo citar aquí, de pasada, las comunidades eclesiales –algunas parroquiales- que pude contactar en distintos países de Europa y de América gracias a mi responsabilidad de presidente de la Federación Internacional de Curas Casados: las de Brasil. Ecuador, Perú, Estados Unidos, Paraguay, Francia, Bélgica e Italia, para subrayar el hecho y el significado de algunas experiencias de Colectivos presbiterales de España: Las de
- Los curas obreros –reconocidos por el Concilio vaticano II- de los que un 15% son casados. ¿Qué resaltar de esta forma ministerial? Que se ejerce como servicio gratis para bien del erario público y de la economía de la comunidad, ya que el sustento del presbítero proviene de su profesión laica. Además se ejerce desde el corazón del mundo obrero, viviendo y trabajando “como uno de tantos” (vivienda, estilo de vida, salario etc…) y participando en sus organizaciones y reivindicaciones lo que acentúa el carácter profético de su ejercicio presbiteral.
- Los curas casados al servicio presbiteral de Comunidades de Base: Aquí conviene subrayar que la comunidad tiene un papel muy importante a la hora de llamar, acompañar y decidir sobre el aporte del cura, lo que refuerza el papel de la comunidad y, además, las celebraciones suenan más cercanas, más “entre iguales” que se ponen a la escucha del Señor en torno a la vida y a la Mesa.
- Los curas casados llamados y aceptados en comunidades parroquiales: Esto significa que te llama la comunidad parroquial, la tarea es gratis y reflexionas-propones-decides con el conjunto del Consejo Parroquial… con todo lo que esto conlleva de “corresponsabilidad”. Varias preguntas clave: ¿En base a qué tipo de experiencias puede llamarte una parroquia? ¿Cuál considera que puede ser tu servicio y aportación? ¿Por qué te llaman aún a sabiendas de que eres casado?: En el fondo de esta llamada hay muchos años de presencia silenciosa y esperanzada compartiendo desde dentro la vida habitual y las reivindicaciones tanto de los compañeros de fábrica como de los vecinos del barrio-parroquia o de los sectores marginales. Es el “estar con”, “al servicio”, “como uno de tantos”, “en diálogo paciente y respetuoso tanto a la comunidad como a sus “pastores”. Subyace en ellas un lema evangélico clave: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dará fruto”. Los procesos históricos suelen ir acompañados de paciencias históricas, aunque lúcidas y constantes. A nosotros nos ha tocado “acumular experiencia que muestre que un ministerio presbiteral no célibe es posible y rico para la comunidad”.
3. Muchos Cardenales y Obispos vienen dando apoyos a estos pasos renovadores desde hace años. Reflejaré solo los de aquellos a los que pude visitar con ocasión de mi responsabilidad internacional, en Brasil, Londres, Viena, y España:
- El cardenal Lorscheider, (Fortaleza. Brasil) nos hizo saber a los participantes en el Primer Congreso latinoamericano de curas casados de Brasil –Curitiva. Enero de 1989-: “Uds., “padres” casados, no solo no son fugitivos o desertores, sino pioneros de un movimiento que necesita la Iglesia”.
- Tres años más tarde el cardenal Dom. Luciano –entonces presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña- nos dijo con motivo de una visita “ad hoc” de una delegación de los curas casados de Brasil: “¿A qué este desperdicio?… Gastamos cantidad de dinero para formar a los sacerdotes y luego los abandonamos porque no nos sirven (¿Porqué?). Me recuerda a esos coches nuevos y perfectamente equipados, relucientes en el “parque de la Factoría” pero que no deben ponerse en funcionamiento ni siquiera ante una emergencia… ¿Por decisión de quién?”
- El entonces Cardenal de Londres -Basil Hume- a quien visitamos en el año 1994 los miembros del Comité Ejecutivo de la FISCC, después de dos horas de escucha, bolígrafo en mano, nos dijo aquella frase memorable: “Esto no debe seguir así…, hablaré con Roma”.
- El hoy Cardenal titular de Viena -Christof. Schörborn- a quien los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación visitamos en 1995 –más fugazmente, es verdad, que a Basil Hume- nos dijo en tono prudente: “lo del celibato de los sacerdotes es un tema importante… que seguramente tendrá que cambiar… Ya veremos”.

- Con D. Pedro Casaldáliga compartimos mi esposa y yo durante cinco días casa, mesa y largas conversaciones sobre el ministerio presbiteral; fuimos a pedirle un mensaje para nuestro Cuarto Congreso Internacional –Brasilia/1996-. Al momento de despedirnos, en el abrazo de paz de la Eucaristía nos dijo: “Os ha tocado defender el celibato opcional, como a mí defender a los pobres de Brasil… Hacedlo con esperanza y perseverancia… acompañando a las comunidades y haciéndoos creíbles”.
- D. Alberto Iniesta era nuestro obispo en Vallecas y amigo con quien conversábamos con frecuencia. Emilia, -hoy mi esposa- y yo le planteamos nuestra intención de casarnos y procurar defender el ministerio presbiteral no célibe en medio de las comunidades que lo entendieran. Nos escuchó y nos dijo: “…Va a ser un camino muy difícil… pero el Evangelio no me autoriza a deciros que lo que intentáis no sea evangélico… Si os creéis llamados a intentarlo procurad no romperos como pareja porque va a ser largo… y caminad junto con las comunidades. Que en adelante nos veamos para hablar de cómo vivimos el Evangelio vosotros y yo…”.
4. Es necesario un cambio sobre este tema en diálogo respetuoso con las Comunidades eclesiales y con sus “pastores” o “guías”. Al margen de que es un clamor general y de que las estadísticas entre los cristianos muestran un apoyo a este cambio cifrado en el 75% en Estados Unidos, un 73% en Europa y un 70 en España, este cambio debe procurarse por bien de:
- La Biblia y de la teología: no parece creíble evangélicamente que se haya querido interpretar el mensaje original del Nuevo Testamento y de la Tradición sobre los presbíteros en la comunidad en el sentido restrictivo y exclusivista que nos quieren imponer algunas corrientes conservadoras. Es obvio que el respeto al pluralismo bíblico y teológico nos obliga –y con cierta urgencia- a otras interpretaciones y prácticas en un tema bíblico y teológico tan vital para la comunidad eclesial. Muchos obispos, teólogos y comunidades así lo están pidiendo.
- La sana espiritualidad y afectividad de los curas saldrían ganando al evitárseles imposiciones que nada tienen que ver con el espíritu del Evangelio, ni con lo que hoy nos muestran la sicología y la libertad profundas. Igualmente saldrían ganado las comunidades eclesiales que percibirían un enfoque plural y más tierno de la sexualidad y del rol de la mujer -¿también presbítero/a?-, tanto en lo referido a la sicología como a la ministerialidad presbiteral que dibuja el Nuevo Testamento.
- El servicio pastoral a la Iglesia y a las comunidades cristianas que no tienen por qué ser castigadas a caminar sin la fuerza de la Palabra-Eucaristía y sin el acompañamiento de aquellas personas a las que ellas llaman, razonablemente, como presbíteros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 18 de mayo de 2011

Sobre el evangelio de hoy: ¿pastores?... ¿ovejas?

Miguel Berrotaran, 15-Mayo-2011
Miguel Berrotarán es un joven sacerdote de Córdoba (Argentina), vinculado a un grupo “Angelelli” y a una web para laicos y laicas. Es la primera vez que nos envía una reflexión. Pero nos ha gustado. Y por eso la sometemos a la consideración de todos los levtores en este día del “Buen Pastor”.

La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado, porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El Concilio Vaticano I declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI, por su parte, decía: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza, una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (Vehementer Nos, 1906). La verdad es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la Iglesia han funcionado casi siempre -al menos en el segundo milenio- de una forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación inconsciente de las clases en la Iglesia.
          El Concilio Vaticano II supuso un cambio radical en este sentido, con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del Pueblo de Dios (el lugar más simbólico a este respecto es el capítulo segundo de la Lumen Gentium del Vaticano II).
          Como es sabido, en las últimas décadas se ha dado un retroceso claro hacia una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no valora la «colegialidad episcopal» es un clamor universal. La práctica de los Sínodos episcopales que se puso en marcha tras el concilio, fue rebajada a reuniones meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdadero símbolo de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los «consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como instrumentos de participación y democratización, casi han sido abandonados, por falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo contrario, no hay nada que discutir en la actual estructura canónica clerical y autoritaria. «La voz del Pueblo, es la voz de Dios»… en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, para el pueblo la única voz segura de Dios es la de la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido -como gusta de decir Hans Küng- en «la última monarquía absoluta de Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una democracia», y es cierto, porque es mucho más que eso: es una comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar ingenuamente de «el buen pastor y del rebaño a él confiado» con toda inocencia e  ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con máxima autoridad: «Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con la máxima energía» (Gaudium et Spes 43).
          En la Iglesia de Aquel que dijo que quien quisiera ser el primero fuese el último y el servidor de todos, en algún sentido, todos somos pastores de todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Qué la Iglesia no es una democracia? Debe ser mucho más que una democracia. Y, desde luego: no ha de ser un rebaño.

lunes, 16 de mayo de 2011

ARGENTINA: ANIVERSARIO DEL ASESINATO DEL PADRE MUGICA.

A 37 AÑOS DE SU MARTIRIO

MOVIMIENTO PADRE MUGICA DE
MARCOS PAZ
A 37 AÑOS DE SU MARTIRIO

MÁRTIR DE LOS POBRES.


Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació en Buenos Aires, ARGENTINA, el 7 de octubre de 1930. Fue el tercero de los siete hijos del matrimonio formado por Adolfo Mugica (ex-diputado conservador del período 1938-42, y ex-ministro de Relaciones exteriores del presidente Arturo Frondizi en 1961) y Carmen Echagüe, hija de terratenientes adinerados de Buenos Aires. 
En su historia personal es importante anotar que a fines de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el padre Iriarte (luego obispo de la Diocesis Argentina de Roque Saenz Peña) en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Buenos Aires de la que éste era párroco. 
Su acercamiento e intención de llegar a esta gente lo marcaría meses más tarde de un modo definitivo. El reconoce haber participado "del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón. Una noche fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto bajo la luz muy tenue de la única bombita, vi escrito con tiza y en letras bien grandes: "sin Perón no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos". "La gente humilde estaba de duelo, y si la gente humilde estaba de duelo, entonces yo estaba en la vereda de enfrente".
Conoció a Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario E. Firmenich, futuros fundadores de la organización armada peronista "Montoneros". Con ellos, participó en Santa Fe en una misión rural en 1966. Dos frases escuchadas por los misioneros marcaron hondo al padre Carlos y las repetía con frecuencia: una viejita que dijo a una misionera "A mí, ¿qué me vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre?"; y un hachero que dijo "yo soy la alpargata del patrón".
Estando en París, Mugica conoció por carta la existencia -el nacimiento- del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo, y envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968 gracias a la dedicación de Jorge Goñi, también "cura villero".
Su participación cada vez más activa en el Movimento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) lo llevó a agudizar el enfrentamiento con el Arzobispo coadjutor Juan Carlos Aramburu quien prohibió a todos los sacerdotes de la Arquidiócesis manifestarse públicamente en cuestiones políticas (prohibición que no parecía concernirle a él mismo por su acercamiento a los gobiernos dictatoriales), y que causó profunda reacción en varios grupos sacerdotales como el de Tucumán, aunque el grupo MSTM Capital obedeció esta orden. El viernes 2 de julio de 1971, una bomba estalló en la casa de Gelly y Obes 2230, pero aunque la bomba afectó edificios y automóviles (la propiedad privada que tanto defendían los adversarios del P. Carlos), nadie resultó herido. Fue en este momento que en un reportaje el P. Carlos pronunció su clásica frase: "Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición". Las amenazas continuaron, y dos hombres irrumpieron en el piso donde se encontraba el cuartito del P. Mugica pero no pudieron concretar nada ya que éste se encontraba en un encuentro de los MSTM en Córdoba.
El 11 de mayo, sábado, de 1974, a las 8 y cuarto de la noche, y cuando Mugica se disponía a subirse a su coche Renault 4-L azul, estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, en la calle Zelada, 4771,  de la Capital Federal, donde había celebrado misa, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un coche estacionado muy cerca. Este personaje sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la lopezreguista Triple A.”
Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su
Iglesia, luchando junto a los pobres por su Liberación



MOVIMIENTO PADRE MUGICA DE MARCOS PAZ
BUENOS AIRES. ARGENTINA.

PROPUESTA DEL ADMINISTRADOR DEL BLOG.

POR FAVOR CUANDO PRESENTEN UN COMENTARIO CITEN EL PAIS DE ORIGEN.
SI TAMBIEN LO DESEAN; ALGUNA DIRECCION DE CORREO ELECTRONICO PARA GENERAR UNA MEJOR PARTICIPACION.
ATTE.
WILLY SCHEFER. MARCOS PAZ. BUENOS AIRES. REPUBLICA ARGENTINA.

ENCUENTRO LATINOAMERICANO DE SACERDOTES CASADOS Y SUS ESPOSAS.

21 DE SETIEMBRE DE 2.011

BUENOS AIRES  -  ARGENTINA


ENCUENTRO DE LA FEDERACION

LATINOAMERICANA 
 PARA LA RENOVACION DE LOS MINISTERIOS.


MOVIMIENTO VERDAD Y LIBERTAD. ARGENTINA.


sábado, 14 de mayo de 2011

AMAR A LOS ENEMIGOS


Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian (cf Lc 6,27-28). 
 En el amor a Dios no existe medida: la única limitación es la que emerge de nuestra calidad de seres imperfectos, limitados.  Pero en cuanto se trata del prójimo  -si bien debemos amar a todos-  pueden existir “grados”, que tienen su explicación en diversos y variados factores, uno de ellos es el parentesco o la línea directa de sangre.

El mismo Jesús como Dios ama a todos, porque desea la salvación de todos  (cf 1ª. Tim 2,4).   Pero, en cuanto hombre, integrante de una comunidad,  -según se advierte en el Evangelio-  tenía ciertas preferencias sobre personas, donde mostraba un afecto humano, que se distinguía del que manifestaba hacia otras:

·        Juan, el discípulo que más amaba...    (Jn 13, 23-26).
·        Lázaro,  “...el que tú amas, está enfermo”   (Jn 11,1-5).
·         Los niños,  “...los abrazaba y bendecía...”    (Mt 19,13-15).
·        Saulo, “...aún antes de nacer, me amó desde el seno de mi madre...”   (Gál. 1,15).
·        El hombre rico,  “...Jesús lo miró con amor...”   (Mc 10, 20-21).
·        María Magdalena,  “...se apareció resucitado primero a María   (Mc 16, 9).

En cambio a los fariseos, salvo rarísimas excepciones, los trataba como enemigos porque ellos jamás aceptaron las enseñanzas de Jesús  (cf Mt 15,10-14).
En lo que respecta a nosotros, no todos nos quieren igual, a cada uno de nuestros semejantes les resultamos “diferentes”.
Hay personas que  -sin causa-  nos envidian, nos “celan”, se sienten como superados por nosotros, como si fuéramos mejores que ellos, etc.   Por eso, o por otras razones, nos han ofendido, difamado, o simplemente no nos aman.  Jesús nos indica que debemos amar a todos, ya sea como amigos o como enemigos. 
Eso no significa que sintamos o demostremos las mismas muestras de afecto hacia todos, cuando éstas son despreciadas o rechazadas.  Se estima que debemos tener hacia los que nos son hostiles, al menos, la mínima expresión de comunicación humana, el saludo.
El Evangelio nos dice que la manera de pensar, el comportamiento, las actitudes del cristiano deben distinguirse de las que observa el que no lo es, porque Jesús nos enseña:  Si la vida de ustedes no es mejor que la de los fariseos, no entrarán al Reino de los cielos  (Mt 5,20).
Nos manda amar también a los enemigos   (cf Lc. 6,28),   ¿por qué? 
a)- Porque Jesucristo vino a salvar a todos los hombres, comenzando por invitarlos a cambiar su manera de pensar.  Si uno ama a quien lo ama, no se distingue de los malos.  Si uno hace bien sólo al que le puede devolver el equivalente, hace lo mismo que aquellos que no conocen a Dios (cf Lc 6,32-34).
b)- Todo ser humano, aún el más pecador puede, con la ayuda de Dios, convertirse y alcanzar la salvación.  Esa gracia puede llegar hasta ese enemigo también a través de un testimonio positivo mío...  (cf Sant 5,19-20).

Pero, ¿quién es mi “enemigo”?
·                    El que no te quiere, aunque obres bien, o porque obras bien con sinceridad, no por soberbia, vanidad, interés de “quedar bien”, etc.  
·                    El que por celos o envidia te juzga mal, poniendo en duda, cuestionando o negando tu buena intención;  censurando públicamente tus actos  -difamación-  en lugar de corregirte a solas, si detecta algo que considera no ser correcto  (cf Mt 18,15-18).
·                    Porque se cree superado por tus cualidades personales.   Así alguien dijo:   puedes “ofender” con tu bondad, con tu riqueza  -por más transparente y honesta que sea-  con tus conocimientos, belleza o aptitudes físicas, no por que poseer esto sea en sí mismo pecado, sino por que a los  mediocres o depravados les “sabe mal” que tú poseas estos atributos.  Pueden resultar un reproche de conciencia, que haga notar aún más sus malos comportamientos.  En consecuencia, por más derechos que sean tus procedimientos, pueden despertar la envidia, que luego se convertirá en  desprecio, o aún en actitudes persecutorias.  Sólo se envidia aquello a lo que, de alguna manera, se le asigna valor.  Sin duda, este concepto ha generado el aserto:  “La envidia es una forma torcida de la admiración”.
·                    El que no te alienta cuando advierte que algo te da resultado, tienes una vida feliz, creativa, útil;  minimiza y aprecia con mezquindad tu trabajo.  Ni el mismo Jesucristo estuvo libre de este juicio.  De él se dijo despectivamente:  ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,46).
·                    Se alegra cuando te “va mal” o cuando lo que él tiene o hace, es valorado más que lo tuyo, en vez de alegrarse con los que se alegran (cf 1Cor 12,26).
Lamentablemente, estas situaciones tienen lugar entre personas que se alimentan con la misma Palabra y hasta comparten el “mismo Pan...”  

Conclusión:  El que es tu enemigo, el que no te ama,  no conoce a Dios porque Dios es AMOR   (cf 1Jn 4,7-9).  El desconocimiento de Dios trae como consecuencia inmediata el descuido del prójimo, ya que el primer Mandamiento, lo incluye como algo “semejante a él”  (cf Mt 22, 36-40).   
La ignorancia culpable del Evangelio reconoce como consecuencias nefastas todas las idolatrías, todos los odios, todas las matanzas, todas las violaciones, es decir, todos los pecados... de todos los hombres, en todos los tiempos y en todos los países...
Amar a los enemigos no significa amar el mal que ellos nos causan; tampoco perdonar supone que lo malo se transforme en bueno.  No es lo mismo perdonar a la persona que aprobar el mal moral recibido, como tampoco el ser tolerantes con los errores de la gente, significa que los convalidemos.  Uno puede haber perdonado una ofensa o haberse hecho cargo de los gastos de un trabajo maliciosamente defectuoso, pero eso no significa aprobar el mal, y mucho menos alegrarnos por el daño recibido.
Tampoco es lo mismo perdonar que olvidar: Perdonar es un una actitud, un proceso sico-espiritual, que depende en parte de nuestra voluntad y que, si de veras queremos alcanzarlo, con la ayuda de Dios y nuestro esfuerzo personal, podremos conseguirlo.  En cambio, olvidar corresponde a nuestro intelecto cuyo dominio escapa casi totalmente a las posibilidades humanas.   El ejemplo, en sentido inverso, puede ayudar a entender: ¿Cuántas veces deseamos recordar algo, y no podemos?  Sólo podemos conseguirlo, valiéndonos de algún elemento relacionado con el tema.   Así, hacemos asociación de fechas, lugares, personas, etc., o sea, memorizando elementos conocidos se recuerdan más fácilmente los menos conocidos.
Algunos maestros de la vida espiritual enseñan, que uno puede considerar que la ofensa recibida fue perdonada, cuando su recuerdo o la vista del ofensor ya no nos quita la paz del alma.

Amar a los enemigos implica al menos cuatro cosas:
   1)- Perdonar, o sea, renunciar a la opción espontánea de sancionar nosotros al prójimo ofensor. “Entregárselo” a Jesús para que El sea quien decida y lo sancione como lo haya previsto en su Providencia y Misericordia  (cf Mt 25,31-46;  Rom 12,14-21).
   2)- Como Dios quiere la salvación de todos (cf 1ª. Tim 2,1-6), debemos orar y pedir la conversión y salvación de nuestros enemigos:  que ellos también conozcan y amen a Jesús  (cf Mt 5,43-48).
   3)- Pedir la gracia a Dios de poder perdonar al que no nos ama, y querer perdonarlo  (cf Lc 23,34;  Jn 19,10-11;  Col 3,13-17).   Orar para llegar a amarlo  (San Agustín).
   4)- Dar gracias a Dios porque nos ha permitido sufrir algo por El, así nos permite purificarnos de nuestras falencias  (cf Hec 5,40-41). 

Héctor Pinamonti

hectorpina@sampacho.com.ar


PECADOS EN LA IGLESIA. Hector Pinamonti.

 
Jesús ha formado una Comunidad Apostólica integrada por un núcleo fundacional de 12 hombres pecadores, cuyo comienzo se puede establecer después de subir a la montaña a orar (Mc 3,13-19).
La evangelización se realiza durante su ministerio público, a sus discípulos se lo explicaba todo en privado (íd, 4,34).  Elegido Matías, en reemplazo de Judas, el grupo tuvo su coronación en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo (cf Hec 2,1-11).
El episodio religioso más trágico de la historia, la traición de Judas que, por otra parte, no fue casualidad  -ya que estaba anunciado en el Sal. 109,8, etc.-  fue abordado y resuelto por Pedro con la autoridad, madurez, seriedad y procedimiento que correspondía a un acto de tal trascendencia.  Contrario a la costumbre de la gente común, que se escuda en las falencias del prójimo para intentar justificar las propias, Pedro fue muy respetuoso al manejar el tema.  Prescindió de abrir juicio condenatorio sobre el frustrado apóstol, por el contrario, él y sus compañeros, restaurado el grupo de los 12, continuaron el camino marcado por Jesús, no el de Judas.
Mencionando al Espíritu Santo, cita la acción del desertor con espíritu profético, anticipado por el Salmo:  el guía de los que apresaron a Jesús, que era uno de los nuestros.  Que su casa quede desierta, que otro ocupe su cargo… y sea con nosotros testigo de la resurrección (Hec 1,10-26).

La corrección fraterna

Como Jesús sabía que los humanos continuaríamos pecando en el mundo, estableció sabiamente este método con el propósito de ayudar a la conversión.
Mientras más oculta quede la falta, menos escándalo causará al prójimo, menos difamación inútil sufrirá el pecador y más pronto se repararán sus efectos, porque el escándalo de cualquier clase (Mt 18,6-7), es nefasto para la comunidad. 
Por algo anticipó Jesús:  Cuando alguien peca o te ofende, habla con él y corrígelo en privado (cf Mt 18,15-18).  El caso extremo de llevar el asunto al Tribunal de Justicia, pertenece a otro plano de la situación:  la negativa obstinada a escuchar.
Algunos medios de comunicación, basados en su principio de “informar” lo antes posible cuanto sucede en el mundo como novedad, no priorizan lo positivo sobre lo negativo.  No tienen en cuenta la difamación que producen y el daño que causan dando a conocer sucesos negativos que jamás deberían salir a la luz, ya que esto no pone remedio alguno, sino que constituye una morbosa difamación, escándalo, incitación y escuela de otros ilícitos.

No confundir corrección fraterna con difamación fraterna, que es publicitar el pecado por todos los medios, a los cuatro vientos, menos al interesado.
Lo que no tiene límite en su publicación y conocimiento general, son las buenas obras, el testimonio positivo, para que sea imitado y haga crecer al prójimo;  eso no escandaliza, edifica, promueve.  El asunto está muy claro en el Evangelio:  Ustedes son la luz del mundo… No se enciende una lámpara para colocarla debajo de la mesa, sino sobre el candelero, para que ilumine a todos… Brillen así las obras de ustedes para que sean vistas y glorifiquen a Dios (cf Mt 5, 14-16).
Es claro el concepto de san Pablo cuando habla de la autoridad “instrumento de Dios para tu bien, tu corrección”.  Si haces el mal, no en vano tiene la espada, como decir, la ley para corregirte y sancionarte (cf Rom 13,1-5).
Pero algo completamente diferente, y nefasto a la vez, es la divulgación morbosa e indiscriminada de ciertos medios, que difaman al prójimo, si lo que publican es verdad.  Es juicio temerario, si no se conoce en su verdadera dimensión o verdad y sólo se supone, y es calumnia cuando se realizan acusaciones falsas.

Sin embargo, no se debe confundir el ocultamiento de la mala acción, que debe ser objeto de la justicia, con una complicidad de silencio para que permanezca impune.   El principio es:

Toda persona que tenga información fidedigna acerca de un delito público, tiene la obligación de darlo a conocer a la autoridad competente para que produzca la corrección y aplique la condigna sanción que ponga remedio al daño social de la comunidad.

En la gente de la Iglesia

No son pecados de la Iglesia, sino de gente de la Iglesia.
Debe evitarse la visión solamente “humana” de la Iglesia.  Según los anuncios proféticos,  sabemos que el anticristo está actuando (1Jn 2,18-19); 2Tes 2,7-9), que las persecuciones fueron anticipadas por Cristo (Jn 15,20), y que habrá apostasías de entre ustedes mismos, como de lobos rapaces que no perdonarán al rebaño… Surgirán doctrinas perniciosas (Hec 20, 28-30).
Si hubo o existen abusos reales, conocidos, y no se actuó en su momento como correspondía, no es suficiente con reconocerlos, lamentarlos y pedir disculpas ahora.  La autoridad debió actuar de manera rápida, prudente y eficaz, para evaluar, sancionar y corregir evangélicamente esas faltas.

Como sólo se sabe algo por los propios judíos salvados del comunismo por Pío XII, tampoco se tiene conocimiento de lo actuado por los Papas en secreto para sancionar a los pedófilos.
Pero es indignante que sin seguridad se haga una publicidad malsana y perversa para despresti- giar, sin que ello contribuya en nada a solucionar los problemas. 
Por el contrario, la divulgación indiscriminada de los vicios, aberraciones y pecados, lejos de ser una acción correctiva, se convierte en una ocasión más de confusión, incitación al delito y vulgarización de la perversión humana, con mayor razón, si las autoridades responsables no obran en justicia.
Es fácil acusar y vituperar desde una posición cómoda, sin compromiso personal y, tal vez, como para justificar defectos propios, de los cuales puede no estar exenta la persona que los endilga.
A este respecto, san Pablo les decía a los romanos:  No tienes excusas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas (Cf Rom 2, 1).

Resulta también claro el ejemplo de Jesús, cuando le trajeron en forma violenta una mujer adúltera, para que él decidiera sobre la sanción de su conducta:  Aquel que no tenga pecado, que arroje la primera piedra (Jn 8,7).  Esto no equivale a decir que la autoridad deba ser impecable para poder sancionar.  En tal caso, sólo Jesús y la Virgen María, podrían actuar como jueces.  Simplemente que la autoridad  -con la facultad que le confiere Dios-  está prevista para mantener la integridad y sanidad social de la comunidad, según la afirmación del Apóstol:  la autoridad viene de Dios…No en vano tiene la espada  (Rom 13, 1-4), la persona es un intermediario, un servidor.  Por eso Jesús le dice a Pilato: No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba (Jn 19,11).
Siendo el adulterio un pecado tan abominable, Jesús   -al igual que Pedro con Judas-  no hizo comentario ni publicidad sobre el caso;  con una frase desenmascaró a los acusadores, quienes impulsados, tal vez, por su propia conciencia, huyeron antes de ser juzgados por Jesús.

Situación actual

Es oportuno señalar, cómo algunos medios de comunicación y los enemigos de Cristo, aprovechan en la actualidad, las desviaciones y pecados de muchos cristianos, para tratar de justificar sus propias acciones negativas.
En muchos casos, las acusaciones son generalizadas, abarcan a justos y pecadores.  La intención es atacar a la institución religiosa.  Esto representa el cumplimiento de las palabras proféticas de Jesús:  Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes (Jn 15,20); ustedes serán entregados a la tribulación y a la muerte, serán odiados a causa de mi nombre (Mt 24,9-12).  Pero, el que persevere hasta el final, se salvará (íd, 24,13). 
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                                                           hectorpina@sampacho.com.ar