viernes, 23 de noviembre de 2012

CARTA DE 400 LAICOS RESPECTO A LAS DECLARACIONES DEL GENOCIDA VIDELA.

A NUESTROS PASTORES
“Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.” (Juan 10.11)
Ante la CARTA AL PUEBLO DE DIOS dada a conocer por los Obispos el 9 del presente, quienes en octubre pasado adherimos al documento “A PROPOSITO DE LAS DECLARACIONES DEL DICTADOR JORGE RAFAEL VIDELA” sentimos la necesidad de dirigirnos nuevamente a ustedes.
1. Somos conscientes de que la Carta –aun
que no lo diga expresamente – es una forma de reconocer la validez de las cuestiones planteadas en nuestro Documento. Rescatamos también la claridad con que afirma que es necesario poner “empeño en la búsqueda de la verdad”. Valoramos ambos aspectos como señales que posibilitarían un diálogo que consideramos urgente y necesario.
2.- Este propósito, sin embargo, aparece empañado por una serie de ambigüedades y omisiones. Quizás por ser fruto de una prolongada discusión, la Carta parece privilegiar la “unidad formal e institucional” por encima de la fidelidad a la Palabra y la vocación profética. Esto no es nuevo, pero en otros tiempos hubo pastores que expresaron públicamente sus disidencias y actuaron en consecuencia, constituyéndose en faro de esperanza para el Pueblo de Dios. Nuestro agradecido recuerdo a los Obispos Angelelli, Ponce de León, Novak, De Nevares, Hesayne y otros. Confiamos en que lo mismo vuelva a ocurrir en las actuales circunstancias.
3. Ante la dolorosa insatisfacción que nos producen las ambigüedades y omisiones del mensaje episcopal, volvemos a exhortar públicamente a nuestros pastores para que:
a) Hagan cesar el público pecado de escándalo que se configura hoy, cuando un criminal convicto y confeso de delitos de lesa humanidad, sin arrepentirse ni manifestar voluntad alguna de reparación de las atrocidades cometidas, tiene acceso al sacramento de la Eucaristía.
b) No sólo “exhorten” sino que “exijan” a los capellanes militares y de las fuerzas de seguridad, sacerdotes, religiosos, religiosas y cristianos en general que brinden toda la información que tengan sobre los menores secuestrados, o sobre el destino de los desaparecidos. Ayudarán así a poner fin a la tortura moral de las abuelas o, al menos, a devolver a las familias la mínima paz del destino conocido.
c) Abran los archivos de la Conferencia Episcopal (Asamblea Plenaria, Comisión Permanente, Comisión Ejecutiva) Obispado Castrense y Capellanías de las FFSS, a quienes quieran investigar como lo dicen en su Carta “esa verdad dolorosa y comprometedora para todos…” y permitan que se complete así “un estudio demorado pero necesario…”
4. Agradecemos la referencia a nuestra presentación hecha por el Grupo de Curas en Opción por los Pobres, en su comunicado respecto de la Carta al Pueblo de Dios. Valoramos con cristiana fraternidad su testimonio y compromiso ministerial. Valoramos también el acompañamiento de otros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos consagrados que comparten los valores que nos movilizan.
Esperamos que como parte de la búsqueda de verdad, reconocimiento, arrepentimiento y reparación a la que felizmente se comprometieron, puedan nuestros obispos, con la asistencia de Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria, dar pronta respuesta a estos reclamos y hagan cesar situaciones escandalosas que confunden y debilitan al Pueblo Peregrino del que formamos parte.
Cristianos para el Tercer Milenio
Equipo coordinador

Hernán Patiño Mayer
Angel A.Bruno
Alicia Pierini
Gustavo Bottini
Ana María Biancalana
Rodolfo Luis Brardinelli
Cristina Domeniconi
Ricardo Mc Loughling
Ana Cafiero
Rodolfo Valerio Briozzo
FernandoPortillo

martes, 13 de noviembre de 2012

CRISTIANOS PARA EL TERCER MILENIO

ANTE LA CARTA DE LOS OBISPOS AL PUEBLO DE DIOS
Sin dejar de reconocer que la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, en su Carta al Pueblo de Dios “LA FE EN JESUCRISTO NOS MUEVE A LA VERDAD, LA JUSTICIA Y LA PAZ”, se refirió sin mencionarlo, al documento que con el título “A PROPÓSITO DE LAS DECLARACIONES DEL DICTADOR JORGE RAFAEL VIDELA”(*) entregáramos a ese organismo,
el último 19 de Octubre; no podemos menos que expresar nuestra frustración y malestar, ante lo que no es otra cosa que una nueva expresión de la tradicional ambigüedad con la que la jerarquía episcopal ha abordado las difíciles cuestiones planteadas al pueblo de Dios, como consecuencia de las acciones y omisiones de buena parte de los obispos, durante el imperio criminal del terrorismo de estado.
En aras de la brevedad y reiterando en su totalidad lo dicho en nuestro documento, nos permitimos destacar que:
1.- Lamentamos la repetición de una actitud corporativa e “indulgente”, con relación a las conductas de un número importante de “nuestros hermanos mayores” que o fueron activistas doctrinarios de la represión ilegal o en un exceso de “prudencia” guardaron silencio público, ante la masacre que se estaba cometiendo en nuestra Patria y que hubieran podido detener o moderar. También lamentamos la ingratitud de no reconocer por sus nombres –Videla los recuerda bien- a aquellos pastores que fieles al mandato del Nazareno cuidaron de sus ovejas, desafiando abiertamente a la barbarie autoritaria y en algunos casos, pagando el precio del martirio por su fidelidad evangélica. Esperamos que las razones de este último e inexplicable silencio, no responda al temor de que por contraste, se hagan más evidentes las inconductas mencionadas.
2.- Consideramos que la referencia a la “violencia ejercida por la guerrilla” en un documento que tiene como causa un escándalo actual, protagonizado por uno de los máximos responsables de la represión ilegal, es una reiteración no inocente, de la histórica ambigüedad de la que hablamos. Bueno sería que alguna vez, los obispos, dedicaran su tiempo y esfuerzos a analizar en profundidad el fenómeno de la violencia y la lucha armada, en nuestra historia, en especial a partir del golpe de estado de 1930, pasando por los atentados terroristas de 1953, los bombardeos de junio de 1955, el golpe de estado del mismo año y los fusilamientos criminales de 1956 y todo lo ocurrido como consecuencia de la proscripción del peronismo y su excomulgado líder, incluidos los golpes de estado y las dictaduras a las que dieron origen. Sería de sumo interés conocer cuáles fueron las conductas de las autoridades eclesiásticas ante esos acontecimientos y cómo se respondió a la sucesión de flagrantes violaciónes del orden jurídico y de los derechos fundamentales de los habitantes de nuestra Patria.
3.- Deploramos profundamente que al hablar de Jorge Rafael Videla –cuya escandalosa conducta es la razón central de nuestro documento- los obispos lo describan tímidamente como ex presidente “de facto”. Nos permitimos respetuosamente recordarles a los obispos que estamos hablando de un criminal, responsable de miles de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, incluido el secuestro y privación de identidad de menores, muchos de ellos arrebatados a sus madres poco antes de asesinarlas. Y no podemos dejar de preguntarnos qué les impide calificarlo como ya lo ha hecho la justicia de la democracia.
4.- Rechazamos por confuso el párrafo en el que se dice: “Algunas afirmaciones recientes, a partir de las declaraciones del ex presidente de << facto>> J.R.Videla, atribuyen a quienes entonces conducían el Episcopado, alguna complicidad con hechos delictivos”. Es el propio Videla quien acusa en general al Episcopado de entonces de conductas inexplicables con excepciones que destaca y descalifica. Dice textualmente entre otras cosas, el ex dictador: “Mi relación con la Iglesia fue excelente, mantuvimos una relación muy cordial, sincera y abierta. No olvide que incluso teníamos a los capellanes castrenses asistiéndonos y nunca se rompió esta relación de colaboración y amistad”. (Cambio 16; edición del 12-2-12). Mientras transcurría esta relación “cordial, sincera y abierta…de colaboración y amistad” miles de hombres y mujeres, muchos de ellos fieles de la Iglesia, eran brutalmente privados de sus derechos y dignidades y conducidos impiadosamente hacia la muerte. La desmentida de Monseñor Arancedo formulada al diario La Nación ( que haya habido “una suerte de connivencia es totalmente alejado de la verdad de lo que hicieron los obispos involucrados en ese momento”) es manifiestamente insuficiente y de dudosa credibilidad, por las razones que siguen:
a) La misma Carta dice textualmente: “De nuestros hermanos mayores, los obispos que nos precedieron, hemos recibido su palabra y testimonio. Sobre su modo de actuar, volvemos con respeto, sin poder conocer a fondo cuánto supieron personalmente de lo que estaba sucediendo. Ellos intentaron hacer cuanto estaba a su alcance por el bien de todos, de acuerdo con su conciencia y juicio prudencial…Reconocemos además, que no todos los miembros de la Iglesia pensaron y actuaron con idénticos criterios”. Si no pueden conocer a fondo lo que sabían sus antecesores, cómo saben que” intentaron hacer cuanto estaba a su alcance, para bien de todos”. El texto transcripto es de tal vaguedad e imprecisión que ofende a la inteligencia no confrontarlo en su desmedro, con las taxativas afirmaciones del Presidente de la Conferencia Episcopal.
b) El no haber tomado medida disciplinaria alguna con quién acusa a la Iglesia de no “…haberle creado problemas inesperados…” a la más sanguinaria de las dictaduras de las que tenga memoria el pueblo argentino y dice para concluir su referencia: “ La Iglesia argentina en general, y por suerte, no se dejó llevar por esa tendencia izquierdista y tercermundista, politizada claramente a favor de un bando, de otras iglesias del continente, que sí cayeron en ese juego. No faltó que algún miembro de esa Iglesia argentina entrara en ese juego pero eran una minoría no representativa con respecto al resto”. Esta falta de reacción ante lo que sería según los obispos una mentira intencional que daña la credibilidad de la Iglesia y conmueve la fidelidad de los creyentes, nos refuerza en la duda acerca de las afirmaciones de Monseñor Arancedo.
c) Olvidar que no ha sido solo Videla el que ha afirmado lo que Arancedo desmiente. En marzo de 1977 el condenado criminal Emilio E. Massera, en declaraciones formuladas a la revista “Familia Cristiana” y reproducidas por el diario Clarín, en clara alusion a las relaciones con la jerarquía eclesiástica dijo: “Nosotros cuando actuamos como poder político seguimos siendo católicos…todos obramos a partir del amor, que es el sustento de nuestra religión, no tenemos problemas y nuestras relaciones son óptimas, tal como corresponde a cristianos….” Nos gustaría conocer cuál fue la reacción del episcopado cuando el responsable del mayor campo de exterminio que funcionó durante la dictadura formuló estas declaraciones o cuando fuera honrado por la Universidad del Salvador como profesor “honoris causa”. Les pedimos a nuestros hermanos obispos, que no nos fuercen a recordar frases y declaraciones de sus “hermanos mayores” que nos llenan de vergüenza, en los tiempos en que reinaba en nuestra Patria el terror impune del estado. La relectura del libro de un auténtico hermano y testigo de nuestra Fe -nunca suficientemente reconocido- como fuera en vida, Emilio Fermín Mignone, les ayudará a recordar mejor acerca de lo que estamos hablando.
5.- Volvemos a reclamar como lo hicimos personalmente en las entrevistas mantenidas con Monseñor Arancedo y en nuestro documento, que se tomen las medidas que correspondan, para poner fin al escándalo que significa que un criminal de las características de Videla siga mientras reivindica sus delitos teniendo acceso incondicional al sacramento de la Eucaristía.
6.-Exigimos, si efectivamente como se dice, se quiere investigar a fondo lo ocurrido y realizar un “estudio demorado pero necesario”, la apertura de los archivos de la Conferencia Episcopal – Asamblea Plenaria, Comisión Ejecutiva y Comisión Permanente- a los efectos de que los investigadores puedan acceder y trabajar sobre los mismos.
Finalmente adherimos con fraterna solidaridad y agradecimiento al “Comentario del Grupo de Curas en la Opción por los pobres ante el Mensaje al pueblo de la patria difundido por la CEA” muy especialmente al párrafo en el que se refieren a la mención que los obispos hacen sobre los niños apropiados y privados de su identidad. Quién sea responsable o cómplice de ese delito continuado y lo siga consumando, no puede llamarse cristiano y nuestros pastores deberían ser capaces de pronunciarse sin ambages y no recurriendo a tímidas exhortaciones o a obligaciones morales. Lamentamos profundamente tener que señalar que una vez más la falta de vocación profética y compromiso existencial con el sufrimiento de nuestro prójimo se hacen evidentes e intentan revestirse con los hábitos deshilachados de una prudencia incomprensible.
(*)El documento mencionado tiene la adhesión de cuatrocientos laicos, religiosos y religiosas.
LOS CURAS EN LA OPCION POR LOS POBRES CRITICARON DURAMENTE EL DOCUMENTO OBISPAL

Carta a los “hermanos mayores”

El grupo que lidera Patiño Mayer no ahorró palabras para señalar lo “insuficiente” del escrito difundido el viernes. Una ácida comparación entre las críticas al aborto y la homosexualidad, y la complacencia con la tortura.
 Por Washington Uranga
Los obispos rechazaron haber sido cómplices de la dictadura, los curas les piden una disculpa sincera.
El Grupo de Curas en la Opción por los Pobres calificó de “pobre” e “insuficiente” el documento emitido el viernes por la asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina. En el escrito, los obispos católicos retoman el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y aluden a los señalamientos de complicidad con el régimen que se le hacen a la jerarquía católica, situación que fue reconocida recientemente por el dictador Jorge Videla. Lamentan los curas que los obispos hayan perdido otra oportunidad y sostienen que “tanta reticencia durante años a llamar las cosas por su nombre no nos permite confiar plenamente como quisiéramos en la efectividad de estas declaraciones”.
El documento de la Conferencia Episcopal fue también una respuesta a un reclamo planteado por un grupo de aproximadamente cuatrocientos laicos cristianos liderados por el escribano Hernán Patiño Mayer, que exigieron a sus obispos un pronunciamiento sobre un tema que parecía definitivamente cerrado para las autoridades de la Iglesia.
En uno de los párrafos más críticos de la declaración el grupo de sacerdotes dice que “debemos confesar que nos escandaliza que ante la sociedad parezca que usar preservativo sea más grave que la tortura; que el sexo pre-matrimonial sea más grave que violar mujeres detenidas-desaparecidas; que engendrar hijos fuera del sacramento del matrimonio sea más grave que apropiarse de niños después de tirar al mar a sus padres, que la homosexualidad es una enfermedad perversa y más grave que ser un torturador o presenciar con sadismo y complicidad sesiones de tortura, que el aborto de una mujer angustiada en su situación de embarazo no deseado o provocado sea tenido por genocidio y como algo mucho más grave que arrojar personas vivas al mar, atadas, dopadas y secuestradas”.
Los Curas en la Opción por los Pobres rechazan la llamada “teoría de los dos demonios” en la cual –dicen– se enmarca el documento episcopal al equipar el “terrorismo de Estado” con la “violencia guerrillera”. Pero respecto de las complicidades entre la dictadura y la jerarquía, los sacerdotes recuerdan que en sus declaraciones “el genocida Videla fue más allá del reconocimiento de una connivencia entre la conducción facciosa del Estado y la cúpula eclesiástica”, ponen en duda las palabras del arzobispo José María Arancedo, quien niega que tal connivencia haya existido, y señalan que existen otras “muchas instancias que no son tenidas en cuenta en el documento” episcopal.
Otro tema está referido a cuánto sabían los obispos de entonces –a quienes la jerarquía menciona como “hermanos mayores”– sobre lo que estaba ocurriendo en el país. Los curas dicen que “no hace falta demasiada investigación” porque allí están los discursos de monseñor (Victorio) Bonamín, monseñor (Antonio) Plaza, monseñor (Adolfo) Tortolo (presidente de la CEA), por nombrar solo los más emblemáticos”.
Denuncia también el grupo de sacerdotes que, más allá de los párrafos de documentos con los cuales los obispos intentan justificar que algo hicieron en materia de denuncia, “sabemos bien que fueron muchas las voces eclesiásticas episcopales o presbiterales que justificaron la tortura públicamente como un ‘mal menor’, e incluso participaron de las mismas”.
El documento que lleva la firma de Juan Carlos Baigorri, Marcelo Ciaramella, Roberto Murall y Eduardo de la Serna, integrantes del secretariado de Curas en la Opción por los Pobres, dice que “no se entiende el tibio y limitado pedido de perdón de 2000 si realmente creen que hicieron todo lo debido y necesario. No se entiende el silencio de los nombres de nuestros mártires desaparecidos, asesinados o torturados, como el obispo Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Carlos Bustos, Pablo Gazzarri, Mauricio Silva, Orlando Yorio, Francisco Jálics, Wenceslao Pedernera, Alice Domon, Leonie Duquet y tantos otros, si el supuesto pedido de perdón se pretende serio y responsable”.
Señalan también que en la sociedad faltan muchos sectores que no han hecho su “mea culpa, pero no se trata de especular con el mal de muchos sino de afirmar lo que se espera del pastor: que dé ‘la vida por sus ovejas’”.
Y en referencia a lo que ahora está ocurriendo advierten que “cuando se avanza en los juicios, se escuchan voces que hablan de reconciliación, de perdón, deslizando la idea implícita de que los juicios son motivados por venganza o revanchismo, desdiciendo todo lo que han afirmado de ‘la verdad y la justicia’”. Dicen también los curas que les gustaría ver “una cercanía fraterna de los obispos con los organismos de derechos humanos que siguen luchando por la verdad, la memoria y la justicia en especial las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como en su momento lo hicieron con cariño y valentía Jorge Novak y Jaime de Nevares” para subrayar que “hoy –como ayer– más bien percibimos distancia”.
Desestiman los curas el pedido genérico de perdón hecho por los obispos “porque el pedido de perdón debe ser concreto”, señalando que “ninguno de nosotros (como sacerdotes) aceptaría una confesión tan genérica sin reconocimiento concreto de las faltas o delitos cometidos”. Ante la presunta disposición de la jerarquía a profundizar las investigaciones los sacerdotes denuncian que la Conferencia Episcopal posee “libros bastante documentados sobre este y otros temas semejantes”, piden que los obispos “colaboren en todo con la Justicia, se acerquen a aportar toda la información disponible, y acepten los fallos correspondientes para cerrar heridas no desde el olvido y la impunidad, sino desde la verdad y la justicia que tanto proclamamos”, lamentan que no se encare la complicidad de los capellanes militares con el genocidio, mientras el “condenado por la Justicia Christian von Wernich no fue suspendido en sus licencias o expulsado del ministerio” y “Videla sigue comulgando y lo dice abiertamente a pesar de haber reconocido públicamente su delito que parece no ser entendido como pecado”.